Los juegos de cartas tienen raíces profundas que se remontan a Asia Oriental, específicamente a China durante el siglo IX. Los primeros juegos utilizaban cartas de papel estampadas a mano, siendo precursores de los naipes modernos. Estos juegos evolucionaron rápidamente y se dispersaron a través de la Ruta de la Seda hacia Persia, el mundo árabe e inevitablemente hacia Europa medieval durante el siglo XIV.
La introducción de las cartas en Europa transformó profundamente la cultura del entretenimiento. Los italianos fueron pioneros en adaptar y modificar las cartas, creando los cuatro palos que reconocemos hoy: corazones, diamantes, tréboles y picas. Estas adaptaciones reflejaban la estructura social medieval europea, con figuras que representaban la nobleza y el clero.